Novena al Espíritu Santo o de Pentecostés
8º Día: El Espíritu Santo es Padre de los pobres
G/. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
T/. Amén
Canto o invocación inicial Secuencia del Espíritu Santo
1º Lect.: De los Hechos de los apóstoles (Hch. 4,31-35)
31 Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios.
32 La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. 33 Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. 34 Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían 35 y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades”.
Pausa de reflexión
2º Lect.: De los escritos de Madre Carmela
“Estamos en medio del gran océano de la vida, en el cual soplan siempre vientos contrarios que agitan continuamente las aguas y hacen difícil la calma y la tranquilidad, pero el Espíritu de Dios con su potente acción de gracia, haciendo firmes nuestros propósitos, eficaces nuestros esfuerzos, nos haga fuertes y valientes para resistir a la furia de cualquier viento, a la fuerza de la tormenta más terrible” [1].
Pausa de reflexión
Intercesiones
G/.Abramos nuestro corazón a la acción del Espíritu, para que nos dé un corazón generoso y sensible a los hermanos y a las solicitudes de todas las Iglesias para anunciar, como los apóstoles en Pentecostés, la grandeza de la Pascua. Digamos:
T/.Dónanos un corazón nuevo.
- Espíritu Santo, Padre de los pobres, dónanos el gusto de la sobriedad para que seamos para el mundo signo de la única riqueza verdadera: el amor de Dios.
- Espíritu Santo, que quieres la unidad, ven en nuestras comunidades para que sepamos salir de nuestros confines, de nuestros problemas, para abrirnos a la vida concreta de los hombres y ponernos de parte los pobres.
- Espíritu Santo, dona a tu Iglesia la perseverancia contra el mal y el sufrimiento, suscita siempre personas capaces de estar cerca de los hermanos más necesitados.
G/. Oremos
Señor, que has compartido nuestra condición humana, haciéndote pobre hasta la muerte y proclamando dichosos a los pobres en espíritu, dónanos tu Espíritu de amor, para que aprendamos a escuchar el grito de todo hombre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Canto final
[1] Vol. I, págs. 238-239, Carta a P. Vincenzo Nardelli, o.p., 27/11/1900