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Lectio Divina de la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo

junio 28th, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

Antes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…

Lectio:

Leo el Evangelio de este domingo, lo leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra…pietropaoloEste domingo la Iglesia celebra la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, apóstoles del Evangelio, por lo que la Liturgia nos ofrece un texto clave como es el conocido evangelio de la profesión de fe de Pedro: Mt 16,13-19.

Iniciando nuestra lectura, encontramos que los personajes son solamente Jesús y sus discípulos, de los cuales sólo se nombra a Pedro. Podemos observar que Jesús inicia un diálogo a través de preguntas: la primera más general, luego de una respuesta un poco ambigua de los discípulos, Jesús arremete con una pregunta directa que requiere su involucración personal. A este punto responde Pedro, y de la manera como lo hace se puede entrever que habla en nombre de todos, así como a todos ha sido dirigida la pregunta. Jesús inicia entonces con una alabanza hacia Pedro, una bienaventuranza (macarismo típico en los Sinópticos) que le sigue una declaración-mandato, que da a Pedro la potestad sobre una nueva realidad que todavía no ha sido definida: la Iglesia de Jesús, de hecho él la llama así: “la mía Iglesia”.

Lo que sigue: “Las puertas del infierno no prevalecerán…” es una declaración que podría ser leída a través de dos perspectivas distintas: La primera es la que sitúa este relato en Cesarea de Filipo, una ciudadela al norte, en la falda del monte Hermón, hoy conocida como Baniyas. Entre las grutas que había allí, había una roca donde Herodes había construido un templo en honor a Cesar Augusto, un abomino para los judíos que creían que por medio sobrenatural habría sido destruida y tirada a los infiernos. Por lo tanto Jesús, nombrando a las puertas del infierno que no prevalecerán sobre la Iglesia, probablemente se refería a este hecho bien conocido en esa época. Pero también, haciendo una segunda lectura, se puede entender que aquí hay una contraposición entre el reino de Dios y el reino del diablo. Jesús dará las llaves del reino de los cielos a Pedro que ha tenido una revelación de Dios, ahora nada podrá interponerse a la acción de Dios, ni siquiera los infiernos con toda su crueldad y potencia: Dios es superior.

Meditatio:

Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.

Habiendo leído bien el texto, más de una vez, uno se pregunta: ¿Por qué el Señor hace estas preguntas? Ya con los milagros que había cumplido podía haberse revelado directamente a los discípulos. Es más, ya en algunos capítulos atrás lo habían reconocido como Hijo de Dios. Aquí Jesús quiere una toma de posición, un tomar conciencia de quién están siguiendo los discípulos y por qué lo hacen. Por este motivo los va llevando a esta toma de conciencia, primero con una pregunta general, a la que responden a tono: “algunos que Juan el Bautista, otros Elías, otros Jeremías o alguno de los profetas”. Quienes son nombrados son todos profetas, por lo que queda claro que Jesús es reconocido por la gente como uno de ellos. Mateo, respecto a los otros Sinópticos, agrega el nombre de Jeremías, un profeta que ha sufrido para dar testimonio de la verdad, como Jesús. Jesús no contradice la respuesta que dan, implícitamente acepta el apelativo de profeta. Pero no basta para reconocer quién es él verdaderamente.  Ahora les hace la pregunta directa y Pedro responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. De los tres Sinópticos, es Mateo que da esta afirmación más completa. Jesús no sólo es profeta, es el Cristo, es decir el Mesías esperado desde siempre por el pueblo judío para que lo salve. Pero no sólo, y aquí está la novedad, Jesús es el Hijo del Dios vivo. La prerrogativa de Dios no podía tenerla ningún ser humano, ni siquiera los profetas o un mesías, aquí Pedro reconoce a Jesús como el que viene de Dios y este Dios está vivo, es decir es el Señor de la vida, el Señor de la historia, si en la tempestad calmada había quedado alguna duda, aquí desaparece. Pedro no habría podido jamás hacer una semejante afirmación sin la asistencia del Espíritu Santo, por eso Jesús le dice que no es por mérito humano (ni la carne ni la sangre), sin que ha tenido una revelación de Dios.

Pero Jesús no se queda aquí, también él da una definición a Pedro en forma paralela: “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. En el cambio de nombre a Simón, hay una implícita misión sin lugar a dudas. La roca de la gruta dedicada a César podía caer hacia los infiernos, pero no la Iglesia de Jesús, porque está fundada sobre otra roca, un hombre que será testigo de Cristo hasta dar la vida por él. La piedra, que ahora es Pedro, será angular, y será sobre la que se edificará la nueva asamblea de Jesús. Asamblea en griego es ecclesia, de ahí que deriva el término Iglesia en español. Entendiendo la traducción, se puede comprender que la Iglesia de Jesús no es un edificio, aunque se hable de piedra, sino un conjunto de personas reunidas en asamblea y estas serán fundadas en la persona de Pedro, el vicario de Cristo en la tierra. El concepto, si bien tiene una relación con el término hebreo qahal, en realidad este último se usa para referirse al pueblo o asamblea de Dios, la novedad que Jesús aporta, es que él habla de su Iglesia, y así corrobora que es el Hijo de Dios y que el nuevo pueblo será suyo. Es verdad que el Evangelio de Mateo ha sido escrito mucho tiempo después que estos hechos se adverasen, pero es verdad también, que aquí se está dando un mensaje ciertamente eclesial y teológico, que contiene la novedad evangélica. La Iglesia de Jesús no caerá, no obstante se embate en las tormentas terribles, porque está fundada sobre la roca y esta roca pertenece a Dios. Es Dios el Señor de la Iglesia y Pedro, con sus sucesores, deberán dejarse inspirar por Él para atar o desatar, en la tierra, todo lo que concierna la fe o las costumbres.

Reconocer que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo, es acoger su persona, su mensaje y la Iglesia fundada por él en la persona de Pedro. No se puede separar una realidad de la otra. En definitiva el Dios de la vida, que es un  Dios de amor, sostiene a su Iglesia hoy y siempre, hasta que retorne su Hijo en el día final.

Oratio:

La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración…

Señor, Dios vivo,
que en tu Hijo nos has revelado tu rostro
de Padre y de Amor,
asiste siempre a tu Iglesia,
para que sea sacramento de salvación
y cada uno se sienta
partícipe de su vida,
que celebra el misterio de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Contemplatio:

Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…

Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.

Lectio Divina del Domingo de la Santísima Trinidad – A

junio 10th, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

Antes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…

trinitaLectio:

Leo el Evangelio de este domingo, lo leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra…

En este domingo en que la Iglesia celebra el misterio insondable de la Santísima Trinidad, nuestro único Dios en tres Personas, la liturgia nos ofrece un texto del Evangelio según Juan 3,16-18;  son palabras dichas por Jesús a Nicodemo (un fariseo que fue de noche a encontrarse con el Señor para conocer su doctrina) en un largo discurso revelador.  Teniendo presente estas indicaciones, inicio la lectura de estos tres versículos, e inmediatamente me doy cuenta que en la brevedad de la lectura hay palabras y frases que se repiten: Hijo unigénito, mundo, salvación, condena, creer. Estas sobresalen en este texto y las frases están realizadas con estas palabras. Por lo tanto a Juan interesa mucho que quede claro el mensaje que quiere dar aquí y escribe estos versículos en forma concéntrica.

Iniciemos con la primera frase: “Tanto amó Dios al mundo”: ¿Quién es el Dios del cual se habla? Es el Dios de los Padres, Yahvé, el Dios único que había elegido a este pueblo al que Nicodemo y Jesús pertenecían. El Dios de la historia de la salvación que se había revelado en distintas formas, este Dio tierno, del que ahora Jesús declara que “ha amado el mundo”. El verbo que usa Jesús es agapao es decir, un amor total, altruista, el amor que se dona entero sin esperar nada de los demás. ¡Este es el amor de Dios hacia el mundo! Para hablar de mundo, Juan utiliza la palabra kosmos,  que indica no sólo la humanidad, sino toda la realidad creada, el cosmos por lo tanto. Bien, Dios ha amado, es decir que amaba y ha continuado a amar esta creación suya que se había alejado de Él después del pecado original y, olvidándose casi de Sí mismo, “ha mandado el Hijo unigénito” ¡Entonces Dios no está solo! Tiene su Hijo, el unigénito. Unigénito es también un término griego que indica una realidad de generación única, es decir un hijo único, pero en forma absoluta: este Hijo es el único que ha generado en Padre. Unigénito aparece también al inicio del Evangelio, en el llamado prólogo, cuando se declara que el Verbo era al principio junto a Dios y el Verbo era Dios y que este Hijo unigénito es el único que ha visto al Padre (cfr. Jn 1,1.18).

Por lo tanto, es justo este Hijo único, amado que viene enviado, es decir se ha encarnado (Jn 1,14) “para que todo el que crea en él no se pierda”. Aquí cambia la situación: Dios ama al mundo, pero en el mundo es necesario que se crea en el Hijo unigénito, para que no se pierda. ¿Qué quiere decir esto? El término todo el que indica todos aquellos que se abren a la fe en el Hijo de Dios, el Verbo Encarnado, porque en el prólogo  (Jn 1,11-12) se decía que él había venido al mundo, a los suyos, pero los suyos no lo han acogido, “a los que lo han acogido ha dado el poder de convertirse en hijos de Dios”. Aquí  Juan quiere decir que no basta que Dios mande a su Hijo en el mundo, este debe ser acogido como tal, es decir debe ser creído y adorado como Hijo de Dios para que la salvación llegue a la persona. Esta salvación está expresada en forma negativa, es decir “que no se pierda”, ciertamente el pensamiento del evangelista  se refiere al hecho que la vida es salvación. Quien no tiene la vida, se pierde, la perdición es estar lejos de Dios, del amor de Dios y esto no depende de Dios sino de la libertad del hombre que elige creer o no. Aquí la fe es, en el sentido joánico, un adherir completamente, con todo el ser, a la persona de Cristo; de hecho es por este motivo que Juan escribe  su Evangelio (20,31: “Estas cosas han sido escritas para que crean que Jesús es el Hijo de Dos, y para que creyendo, tengan la vida en su nombre”).

“Quien no cree ha sido ya condenado”, dice Jesús, la condena es no poder participar a la vida de los hijos de Dios, aquella que se transmite a través del Hijo y el Espíritu Santo que hace convertirse en hijos adoptivos, como dirá Pablo en las cartas a los Gálatas (4,5-6) y Romanos (8,15-17).

Meditatio:

Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.

Después de la extensa lectio, un poco empeñada hoy, en la meditación nos detenemos solo a lo esencial para poder pasar a la contemplación del Misterio del Dios Uno y Trino, que obra siempre porque nos ama tanto que quiere que tengamos la vida en Él.

Decía un sabio profesor – hoy miembro de la Comisión Teológica Internacional – que el sentido del hombre es llegar a ser hijos de Dios. ¡Es exactamente así! el verdadero sentido de la existencia humana es reconocerse y llegar a ser siempre más hijos en el Hijo, por medio del Espíritu Santo que grita en nosotros Abbá – Padre. La meditación del evangelio propuesto para este domingo nos lleva justo a esta conclusión: quien cree en el Hijo unigénito se convierte también él en hijo gracias al Espíritu Santo, porque el Padre ha amado tanto al mundo que no ha tenido para sí ni siquiera a su Hijo unigénito, sino que lo ha dado no para la condena, sino para que tengamos la vida eterna a través de la fe en Él.

Oratio:

La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración…

Te Cantamos, Señor de la vida:
tu Nombre es grande en la tierra
todo habla de Ti y canta tu Gloria
grande eres Tú y haces maravillas
Tú eres Dios

Te Cantamos, Señor Jesucristo
Hijo de Dios, venido a la tierra,
hecho hombre por nosotros en el seno de María.
Dulce Jesús, resucitado de la muerte
estás con nosotros.

Te Cantamos, amor sin fin:
Tú que eres Dios, el Espíritu del Padre
vives dentro de nosotros y guías nuestros pasos.
Enciende en nosotros el fuego de la eterna caridad.
(de Liturgia e Sacra)

Contemplatio:

Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…

Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.

Lectio Divina del Domingo de Pentecostés – A

junio 3rd, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

Antes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…

ssLectio:

Leo la primera lectura de este domingo, la leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra…

Hoy, domingo de Pentecostés, hago la lectio de Hch 2,1-11 (quien deseara hacer la lectio sobre el evangelio, puede leer la reflexión del segundo domingo de pascua, que está en este mismo espacio). Ya desde una primera lectura, advierto che hay algunos datos que me ayudan a situar la escena, se habla de tiempo y de espacio, estamos en el momento en que se cumplía la pentecostés, por lo tanto, durante la mañana de aquella fiesta, que caía 50 días después de la pascua judía. En Jerusalén, como aún hoy, se reunían judíos de todas partes, también prosélitos, temerosos, y todos los que adherían a la fe de los Padres y que hacían el memorial de la entrega de la Ley a Moisés en el monte Sinaí. Se precisa el momento y también el espacio, es “el mismo lugar”, obviamente uno se pregunta qué lugar Lucas tiene en mente, debemos tener presente lo que se dice en el capítulo primero y en los evangelios Sinópticos, es decir que se encontraban en el piso superior donde el Señor había celebrado la última cena (cenáculo) y donde había aparecido el día de la Pascua resucitado, dando la paz a los discípulos (el evangelio de este domingo). Aquel lugar, el cenáculo, es muy querido para los discípulos y es clave pues allí se cumplen advenimientos sumamente importantes para los inicios de la Iglesia fundada por Cristo.

Si continúo a leer, aparecen los personajes, pero aquí se habla en forma general: son “todos”, también aquí debo ir a leer el primer capítulo donde me dirá que eran los once (Judas, el traidor no está más), otros discípulos y María la Madre de Jesús.

Es interesante notar la cantidad de veces que aparece el adjetivo y el pronombre cuantitativo y globalizante “todo/todos”: todos juntos, toda la casa, todos fueron llenos de Espíritu Santo, todos ellos… esto está indicando la presencia totalizante del Espíritu Santo sobre los apóstoles y todos los discípulos reunidos en ese lugar; ninguno ha quedado sin el don del Espíritu, cada uno puede hablar lenguas, cada uno tiene el coraje de anunciar, porque tienen la plenitud del Espíritu.

Por otra parte, se nota la idea de globalización también al nombrar la proveniencia de aquellos que escuchan el anuncio. Son de todas partes, es más, Lucas dice que vienen “de toda las naciones que hay bajo el cielo”. Estas expresiones nos indican también que la gracia del Espíritu se abre hacia todos los habitantes del mundo, y todos serán en grado de entender este don.

Meditatio:

Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.

Hemos dicho que el lugar, el cenáculo, es descripto bien. ¿Ahora, para nosotros, qué significa que se precise tanto este puesto en el que viene el don del Espíritu Santo? Si tenemos  presente que en ese lugar han ocurrido tantos acontecimientos llenos de gracia y de misterio, nos damos cuenta que aquí está por pasar algo que es igualmente importante, pero no sólo, nos dice que también este es el lugar elegido por Dios, especialmente para sus manifestaciones y sus discípulos allí se sienten protegidos con María la Madre de Jesús.

Dios que camina en la historia y con la historia, no deja nada al azar, de hecho, como su Hijo unigénito es el verdadero cordero inmolado en la nueva y definitiva pascua de resurrección, así también el Espíritu Santo es el verdadero y máximo don de Dios para caminar en la vida nueva, no hay más Ley sino que es el Espíritu que hace caminar a los discípulos según sus consejos, en la libertad de hijos y en la verdad que se nos revela completamente. Por eso providencialmente este Don del cielo es dado el día de Pentecostés.

Nuestros personajes nos infunden esperanza: encontramos gente proveniente de cada rincón de la tierra conocida por entonces, ellos representan a todos los pueblos que, en los siglos que vendrán, se abrirán a la salvación. Estamos también nosotros representados en ellos y en los discípulos: ellos son quienes han seguido al Señor y vigilaban con María su Madre. En ellos estamos nosotros, la salvación está abierta a todos y hoy todavía recibimos la plenitud del Espíritu.

El estupor que acompaña lo que ocurre es la emoción que despierta la novedad, el misterio. Las grandes obras de Dios que se cumplen en Pentecostés despiertan este sentido de maravilla colectiva que genera alegría, admiración y hasta turbación, al punto de preguntarse unos a otros: ¿cómo es posible que suceda un hecho, lógicamente imposible, es decir, que cada uno entienda el mensaje de la salvación a pesar que provengan de distintas tierras? De nuevo estamos ante la acción del Espíritu Santo que une también para entenderse. Con Él se destruye la torre de Babel para siempre, mientras en Babel los habitantes se han dividido porque no se entendían, ahora en el cenáculo, se unen porque todos entienden las obras de Dios, no hay nada más importante, ni relevante de esto. Ya el culmen de la historia se ha cumplido, con la venida del Hijo y el don del Espíritu Santo la humanidad podrá caminar perseverante y unánime en la oración, con María la Madre de Jesús, y en la apertura siempre dócil a la acción del Espíritu Santo.

Oratio:

La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración…

Oh intensa Luz de mi Dios,
ven a ayudarme:
enséñame a hablar,
ayúdame a callar,
dirígeme en mi caminar,
hazme descansar junto a Ti,
para que toda palabra dicha o callada,
todo paso hecho o no hecho,
todo esté concorde a la perfecta voluntad de Dios.
Todos tus rayos ardientes,
oh divina Luz,
me den el equilibrio de los santos.
(de la Espiritualidad del Movimiento Carismático de Asís)

Contemplatio:

Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…

Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.

Lectio Divina del Evangelio del VI Domingo de Pascua – A

mayo 20th, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

amaregesuAntes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…

Lectio:

Leo el Evangelio de este domingo, lo leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra…

En este VI Domingo de Pascua, último antes de la Ascensión del Señor, el evangelio de Juan nos sigue acompañando con un texto que continúa lo relatado el domingo pasado y quiere animarnos a nosotros discípulos en nuestro camino en este mundo. Leyendo el texto llama la atención cómo el Señor inicia hablando a sus discípulos con un condicional: “si”, si quiere decir una senda abierta hacia lo que elija la propia libertad. Si me aman, dice el Señor, es decir, si quieren amarme, en el momento que se decidan a amarme entonces expresarán este amor poniendo en práctica mis mandamientos. Uno se pregunta cuáles mandamientos Él considera “sus” mandamientos. Ciertamente vuelve el texto evangélico que portan los evangelios Sinópticos, sobre el mandamiento del amor a Dios y amor al prójimo; en Juan Jesús lo dirá en el capítulo sucesivo. Por lo tanto si se ama a Jesús se ama a Dios y se ama al hermano y esta idea se encuentra inclusiva en el evangelio de este domingo, porque esta frase aparece también al final.

El Señor continúa revelando algo muy importante: Jesús Hijo, rezará al Padre para que dé otro Consolador, es decir el Espíritu Santo. Hay aquí una alusión a la realidad divina en su misterio de Trinidad Santísima. Es Jesús que reza al Padre como Sumo Sacerdote, y el Padre dará otro Consolador, porque Jesús es también un Consolador, príncipe de la paz. Y este Consolador quedará con los discípulos todos los días hasta siempre.

Jesús declara que el mundo no conoce ni puede conocer al Consolador, ¿pero, por qué? Porque quien no recibe a Jesús no puede conocer profundamente a Dios.

Luego viene el núcleo de este evangelio: no los dejaré huérfanos… porque yo vivo y ustedes vivirán. Si dice que no nos dejará solos, quiere decir que hay una inminente partida, recordamos que está haciendo aquí su discurso de adiós, por lo tanto, quiere tranquilizar a sus discípulos que se sienten descarriados. Yo vivo, ustedes vivirán, la vida de los discípulos depende  de la vida de Jesús. Pero, ¿a qué vida se refería, dado que habla en presente, y se acercan la pasión y la muerte? Hago atención a este particular y lo dejo para profundizarlo mejor durante la meditación.

Dos veces se nombra al mundo, sabemos que en el lenguaje joánico significa la realidad que no se ha abierto a Dios, ni a quien el Padre ha enviado, el Verbo Encarnado. En el hablar del mundo, Jesús, agrega algunas declaraciones negativas: el mundo no lo puede recibir, no lo ve, no lo conoce y no lo verá. Es decir el mundo está tan cerrado que ya no hay posibilidad de acercamiento divino, por eso Jesús dice que no se puede recibir al Consolador. Aquí el retorno al condicional: si se ama a Jesús se pide apertura, si no hacemos parte del mundo y no de la familia de Dios. El fruto del amor, luego, es la manifestación de Jesús.

Meditatio:

Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.

Todo el sentido de este relato, está en el núcleo del mismo: Jesús vive y nosotros viviremos, porque si lo amamos, amamos a Dios y amamos a los demás. Su vida es la manifestación de su consolación a través del Espíritu Santo.

Jesús se dirige a los discípulos, discípulo quiere decir aquel que sigue, es decir que todos nosotros somos discípulos de Jesús, por lo tanto la invitación a amarlo es para todos nosotros, somos libres de hacerlo o no, pero si lo haremos, no sólo que él se manifestará a nosotros, es decir estará con nosotros, sino que nos dará la asistencia siempre presente y amorosa del Espíritu Santo, el otro Consolador.

Detengámonos ahora en el centro de hoy: Dice Jesús que no nos dejará huérfanos, ustedes me verán porque yo vivo y ustedes vivirán. Son palabras de un amor y ternuras propias de un Dios hecho hombre. Él está por partir, sabe que en breve le espera la muerte cruenta, pero piensa a los suyos, quiere animarlos y animar a los que vendrán después. Recordemos que Juan escribe su evangelio muchos años después de estos eventos, por lo tanto en perspectiva hacia atrás. Jesús ya ha muerto, pero ha resucitado, está vivo para siempre, su vida la vive en el Padre y el Espíritu Santo y como hombre no muere más. Gracias al hecho que él ha vencido la muerte la vida la vive en el Padre y el Espíritu Santo y como hombre no muere más. Gracias al hecho que él ha vencido la muerte, puede dar la vida a los suyos, a todos los que lo aman y cumplen sus mandamientos. Aquel mandamiento que simplemente se refiere al amor, todo retorna allí porque Dios es amor, y la manifestación de Dios es justamente el amor que debe permanecer como consolación hasta el fin de los tiempos. En aquel día sabrán que él está en el Padre y el Padre está en Él, es decir en la comunión perfecta en el amor, la eterna bienaventuranza que gozarán todos aquellos que elegirán la senda del amor. Esta palabra tan usada, pero que significa dar la vida como Él la ha dado. Entregarse libremente para que otros vivan, condescender para que haya paz y armonía ya desde ahora en el mundo. Este mundo que no puede conocer a Dios si no se abre a Jesucristo, único salvador de la humanidad hoy y siempre.

Oratio:

La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración…

Señor Jesús, nuestro Consolador,
tenemos necesidad de tu consolación y de tu vida
tú continuas a dárnoslas a través del Espíritu Santo,
el otro Consolador que tú nos has donado.
Abre nuestro corazón y nuestra mente
a la acción del Padre y del Espíritu Santo,
para que gocemos de la vida verdadera,
y tú continúes a manifestarte a nosotros en el amor. Amén

Contemplatio:

Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…

Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.

Quinto Domingo de Pascua – A –

mayo 13th, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

jesuspadreAntes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…

Lectio:

Leo el Evangelio de este domingo, lo leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra…

Hoy estoy invitado/a a rezar con el Evangelio de Jn 14,1-12, un texto exquisito por su ternura, su valor teológico y su fuerza reveladora. Pero gustemos el texto paso a paso, por lo tanto, lo leo atentamente como si no lo hubiera leído nunca. Ya en una primera lectura he percibido algunas pautas, pero sin correr, leo una vez más la Palabra, esta vez prestando atención a los personajes: Jesús se encuentra con sus discípulos, de la manera en que habla seguramente era el grupo más estrecho de ellos, pero son dos los que resaltan porque intervienen en el diálogo con Jesús: Tomás, que ya hemos conocido en el relato del segundo domingo de pascua y Felipe. Lo que dicen los dos deja entrever un tipo de relación fraterna con el Señor, pero también la dificultad del momento, sus preguntas evidencian que no están entendiendo nada o casi nada de los que Jesús les dice. De hecho a Felipe casi le llama la atención por no haber sido capaz de captar lo evidente después de tanto tiempo de estar con Él.

¡Tenemos que acoger las palabras de Jesús en cada una de sus frases! En ellas hay una revelación que el evangelista ha puesto aquí componiendo este diálogo, durante el llamado “discurso de adiós” de Jesús, antes de su pasión. Jesús inicia diciendo: “No se turbe su corazón”, estas palabras demuestran preocupación y conocimiento profundo del Señor en relación con sus discípulos. Se habla de un estado de ánimo particular, el verbo griego es paràsso, que en otras ocasiones lo ha usado Jesús con sus discípulos cuando han sido protagonistas de un prodigio y ellos han quedado consternados (Mc 6,50; Lc 24,38,) o para sí mismo (Jn 11,33). Pero el texto que nos puede ayudar a entender mejor la intensidad de este verbo está algunos versículos antes de nuestro relato, cuando Jesús se conmueve y se turba durante la última cena al declarar que Judas lo habría traicionado. El hombre Jesús conoce bien este estado de ánimo, y sabe que va acompañado por el involucrarse de emociones muy fuertes, por eso ahora quiere hablar “claramente”  con los suyos, aunque parece que ellos no logran entender bien lo que está sucediendo.

Inmediatamente después, Jesús pide a sus discípulos de tener fe no sólo en el Padre, sino también en Él, esto es realmente un escándalo. Me detengo en estas palabras: la fe se tiene en Dios no en los hombres, al máximo se puede tener confianza, pero no fe. Aquí hay una conciencia clara de la naturaleza divina que él tiene y que quiere que los discípulos la capten. Si ellos entendieran esto, comprenderían mejor cuando Jesús hablará luego de sus auto revelaciones: Yo – dice – soy el Camino, la Verdad y la Vida, pero no sólo, dice también que quien ha visto a él ha visto al Padre.

El Señor habla además de una partida inminente y que preparará moradas para ellos, asegurando que lo hará y que los discípulos saben cómo llegar. Esto da pie a Tomás para preguntar sobre el camino. Habla de moradas, de un lugar adonde irá y luego volverá y el lenguaje parece oscuro, pero Jesús ya ha dicho a ellos en Jn 8,12 que quien lo sigue tendrá la luz de la vida. Aquí estamos ante la misma afirmación, pero ellos parece que no lo recuerdan…

En fin, están de nuevo ante el pedido de Jesús de creer en él, si lo dice al inicio y al final, incluyendo todo lo que ha sido dicho antes, nos da nuevamente la clave para comprender su mensaje que está al interno de todo el texto leído.

Meditatio:

Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.

Una perícopa tan bella como densa podría sintetizarse simplemente en esto: Jesús y el Padre son uno solo, si creo en Él podré morar con Dios al momento oportuno, porque Él es la vida, su Palabra me ilumina durante el camino que es Él mismo. Pero vamos por parte.

Hemos dicho ya que el Señor se interesa por el estado de ánimo de los suyos y que los conoce bien, recordemos que en el cuarto domingo hemos leído que Él llama a todos por su nombre, sabe cómo estamos hechos y por ello quiere prevenir antes de su partida. Este texto se nos ofrece dos domingos antes de la Ascensión y no es un caso. Él habla de las moradas que hay en la casa de su Padre y que preparará personalmente para los discípulos, luego vendrá a buscarlos. Estas moradas no son otra cosa que la intensidad de acercamiento, por decirlo de una manera, entre Dios y los fieles cuando cumplen su camino en la tierra, es el permanecer en Dios para siempre, pero no es igual para todos, ¿de qué depende? De la fe en Jesucristo y del grado de semejanza con él, así como quien lo ve puede mirar al Padre, quien ve al discípulo tendría que entrever al Maestro porque se asemeja a Él. Esta semejanza luego, está basada en el amor, de hecho, más adelante en el capítulo 15, Jesús repetirá este argumento acentuando la relación de amor que debe haber con Él y entre los discípulos.

A Pilatos Jesús había declarado que había venido para dar testimonio de la verdad, y aquel hombre rudo le preguntó sin esperar respuesta qué es la verdad. La verdad no es una reflexión filosófica, o un punto de vista, la verdad es Dios mismo, porque es el único que realmente es, tiene un sentido pleno y completo en Sí mismo; por eso Jesús es Verdad, porque él y el Padre son una sola cosa, y su verdad ilumina a todo hombre, es decir su misma persona, sus palabras, gestos, enseñanzas… Justo por este motivo pide de creer por lo menos en sus obras, porque ellas lo revelan en su esencia, y también por este motivo él es Camino, es decir la misma senda que se debe seguir: como él es, así estamos llamados a ser nosotros también. Siguiendo sus huellas no podremos tropezar, sino que caminaremos en la luz que, como hemos dicho, es Él mismo

La relación es clara: el Padre – Jesús, Jesús – nosotros. No hay otro mediador entre Dios y nosotros, pero debemos tener fe en Él, una fe que sabe captar aun lo que no entendemos con el intelecto, los discípulos eran incapaces de entender esto y nosotros somos tentados a obrar de la misma manera. La fe en Jesús es la clave de este Evangelio, y es también la clave que prepara para morar en Él sea en el día a día, sea en la plenitud de los tiempos. La fe es un don, pero soy yo que la hace crecer o morir. ¿Estoy dispuesto/a a lanzarme en esta aventura que es la vida verdadera?

Oratio:

La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración…

Oh Dios, Padre mío,
hoy me has hecho entender una vez más
cuánto me amas y cuánto interés tienes por mí.
No dejes que el tiempo o el cansancio
me hagan distraer de tus cosas.
Que me aferre siempre a tu Hijo,
que es Camino, Verdad y Vida
y es el único que me puede llevar a estar contigo,
hoy y en la eternidad. Amen

Contemplatio:

Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…

Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.

Cuarto Domingo de Pascua – A –

mayo 7th, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

Antes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…

buonpastoreLectio:

Leo el Evangelio de este domingo, lo leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra…

Estamos invitados hoy a detenernos en el Evangelio de Jn 10,1-9, bien conocido como el Evangelio del Buen Pastor que, en realidad, continúa en los versículos sucesivos a los que la Liturgia dominical nos propone.

Apenas hacemos la primera lectura del texto, notamos que es de tipo discurso, es decir que Jesús habla, no hay narraciones o diálogos, sino que un cronista hace una pequeña señalación y luego continúa a hablar Jesús. En esta lectura advertimos también, que la similitud usada por Él pertenece al ambiente pastoril, tal vez poco conocido en nuestros días, pero de lo que Jesús describe, se nota que lo conoce muy bien al punto que también nosotros logramos comprender bien las costumbres de este oficio, aunque no hubiéramos estado nunca con un redil.

Una cosa llama la atención mientras leo: Jesús no sólo dice que es el buen Pastor, sino también que es la puerta, y esto desconcierta un poco. ¿Es posible que Él sea las dos cosas? ¿Qué sentido tienen sus palabras? Pues Él inicia diciendo también, que es el buen Pastor, luego que es la puerta y termina repitiendo que es el pastor que ha venido para que tengamos vida.

Jesús aquí habla de ladrones, briganes y lo repite tres veces, por  lo tanto también estas frases tienen su peso. Para entender mejor, tenemos que leer las explicaciones que el mismo Jesús da: ellos suben de otra parte, las ovejas no los reconocen y por eso no los siguen, es más escapan de ellos y se trata de quienes han venido antes de Jesús haciéndose pasar por el mesías esperado y roban, destruyen y matan.

Por último, encontramos que el Pastor, como la puerta, tienen una íntima relación, espontánea con las ovejas: el primero las llama por su nombre, las conoce y sabe cuántas son, de hecho empuja hasta la última en el redil. Con respecto a la puerta, las ovejas entran y salen libremente, encuentran buena comida y sobre todo se salvarán. En todo este contexto, la última frase de Jesús es realmente iluminadora: ¡Él ha venido para que tengamos vida, y la tengamos abundantemente!

Meditatio:

Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.

Después de estas reflexiones procedamos con nuestra meditación, tratando de captar el sentido y, con este evangelio se nos presenta bastante claro luego de la lectio que hemos hecho.

Partamos del inciso que hace el evangelista: ellos no comprendieron lo que les quería decir. ¡Aquí se está dirigiendo a nosotros! Y lo hace porque sabe que tampoco nosotros entenderemos fácilmente cómo Jesús pueda ser puerta y pastor al mismo tiempo, y por eso nos dice de prestar atención ya que la similitud está enviando a otro nivel, al mensaje más profundo.

Entendiendo esto, inmediatamente nos vienen a la mente la relación que Jesús pastor y puerta tiene con las ovejas, y recordamos que concluye esta perícopa diciendo que él ha venido para que tengamos vida en abundancia. Aquí el Señor quiere que su grey, la Iglesia fundada por Él, todos sus discípulos que conoce bien, hasta por su nombre, aprendan a seguirlo, a tener una confianza tal y una libertad que puedan ir y venir, alimentarse de su Palabra y Eucaristía, porque el pasto es abundante, dado que se salvarán estando con Jesús, único mediador entre el Padre y nosotros, por eso mismo es la puerta.

Pero Jesús sabe bien que rondan alrededor de las ovejas los asaltantes y los ladrones, es decir los falsos pastores que en nombre de Cristo tratarán de desviar a los discípulos de la verdad, pues ellos destruyen, roban y matan sólo pensando en el provecho proprio.

¡Cómo es actual este Evangelio! Realmente si el Señor camina con nosotros, delante de nosotros, mostrándonos el Camino que es Él mismo, si Él nos llama y escuchamos su voz y lo seguimos, si nos alimentamos de su Cuerpo y de su Palabra que es Verdad, entonces sí que tenderemos la vida, pues él es la Vida. Pero hoy también existe el peligro, y diría que más que nunca, que yo siga otras voces, otros pseudo pastores que me prometen una vida fácil, palabras aparentemente persuasivas pero que no sólo no contienen la verdad, sino que destruyen, roban y matan la propia identidad, quitan la vida verdadera …

¿Cómo es mi relación con Jesús hoy? ¿Sigo las modas actuales con métodos de oración, gurú, que me prometen resolver fácilmente mis problemas, enfermedades, etc.?

Hoy es la jornada de oración por las vocaciones, por todos aquellos que el Señor llama por su nombre y los invita a seguirlo más de cerca, para ser también él o ella un anunciador de la vida verdadera. ¿Estoy dispuesto/a a dejarme interpelar por él? ¿Me libero para poder captar su voz entre las miles de voces que me circundan? Yo no soy una oveja (esa es sólo una similitud), tengo mi responsabilidad para elegir y responder: ¿lo haré?

Oratio:

La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración…

De la Liturgia de hoy:

Dios todopoderoso y eterno,

condúcenos hacia los gozos celestiales,

para que tu rebaño, a pesar de su debilidad,

llegue a la gloria que le alcanzó

la fortaleza de Jesucristo, su pastor.

O bien el Sal 23:

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

Él me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero,

por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo

Contemplatio:

Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…

Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.

Tercer Domingo de Pascua – A –

abril 30th, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

Antes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…

Lectio:

Leo el Evangelio de este domingo, lo leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra…

emmausHoy la Liturgia me propone leer y meditar el Evangelio de Lc 24,13-35, el texto conocido como de los “discípulos de Emaús”. Un episodio muy conocido y apreciado, en el que la tradición ha leído siempre el modelo de la actual celebración Eucarística.
En mi primera lectura del texto, dejo que la sorpresa esté al timón, para no dejarnos llevar por lo que ya sabemos, leo el texto como si fuera la primera vez, y Lucas me ayuda en esto porque es como un director de cine que me hace imaginar y sentir cada palabra que se relata.
Nuestros personajes son Jesús (nombre histórico del Cristo Resucitado) y dos discípulos, de los que uno se llama Cleofás. Junto a la cruz de Cristo, entre las mujeres que allí estaban, había una llamada María, mujer de Cleofás. Es posible que sea el mismo personaje, pero resulta muy difícil identificar al otro discípulo con María su mujer, ya que Lucas no habría tenido problemas de nombrarla aquí, como lo ha hecho poco antes. Además para que sea cierto un testimonio, tenía que ser hecho por dos hombres, de hecho ellos mismos cuando recuerdan a las mujeres dejan claro que no ha creído a su testimonio, o por lo menos no les ha bastado.
Notemos también que hay muchos diálogos: se dice que los discípulos hablan y discuten a lo largo del camino, Jesús habla con ellos y sea unos que el otro hacen dos discursos cargados del anuncio sobre el Mesías. Los discípulos presentan la persona de Jesús como un libertador ideal, que de todos modos han asesinado, no obstante el bien que ha hecho. El Señor, en cambio, va explicando cada Palabra que preanunciaba al Mesías, dando a las mismas el verdadero sentido de la liberación de Israel, aquella interior que libra del pecado.
Siguiendo nuestra lectura atenta del texto, llama la atención con cuánto cuidado Lucas describe los distintos estados de ánimo de los discípulos: al inicio están con el semblante triste, luego ellos mismos dicen de haber quedado desconcertados frente al testimonio de las mujeres, después reconocen que les ardía el corazón mientras Jesús hablaba con ellos y les explicaba las Escrituras y al final, parten llenos de alegría a anunciar el encuentro que han tenido con el Resucitado. La tristeza y el estar desconcertados están relacionados con la angustia, un estado oscuro del alma que no deja abrirse, a acoger la luz. Y justo se describen estos sentimientos mientras se dice que es de día, por eso Lucas declara que “sus ojos eran incapaces de reconocerlo”. Es evidente el contraste con los otros dos sentimientos y emociones: la alegría y el ardor del corazón que también están relacionados con el amor. ¡Es el amor el que genera alegría y calienta el corazón! Es el amor que hace abrir los ojos, de hecho ahora pueden reconocer al Señor en el gesto eucarístico, porque están abiertos a la novedad, a que la luz entre en su ser, Lucas dice que “se abrieron sus ojos” y era de noche, ¡de nuevo el contraste!
Por último, prestemos atención al hecho que ellos se encaminan inmediatamente hacia Jerusalén cuando ya es de noche, porque tienen la luz en el corazón pueden caminar de noche, porque ésta ya no representa más un peligro para ellos. Y los Once con los otros que están con ellos prueban el mismo estado de ánimo de nuestros discípulos: porque también ellos han tenido el encuentro con el Señor, y hacen su profesión de fe a nivel eclesial a partir del testimonio de Pedro.

Meditatio:

Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.

En este relato que hemos leído más de una vez, y en el que hemos captado tantas pautas, trato de buscar el sentido general y particular del mensaje, y esto lo hago individuando la intención del evangelista al narrar los hechos de este modo particular. Ciertamente tengo que tener presente que el Evangelio de Lucas ha sido escrito alrededor de los años 90 d.C., por lo tanto Lucas hace una relectura de los hechos y quiere dar un mensaje a la comunidad que ya camina en la fe, pero que no ha sido testigo directo de la resurrección, son los llamados de la segunda generación.
Entonces, Lucas trata de hacerlos entrar en los sentimientos de los discípulos después de la muerte de Jesús, ¡han pasado tres días y a él no lo han visto! Es el desconcierto total, habían puesto toda su esperanza, sus expectativas, la confianza en este hombre de Galilea que hacía grandes prodigios, pero ahora todo se ha convertido en nada. Es en esta realidad que viven en la que el Señor se hace compañero de camino. Él va a su encuentro allí en el estado en que se encuentran, les deja hablar, expresarse, desahogarse, tal vez quiere que tomen conciencia de lo que están diciendo, pero nada, ellos están cerrados en su dolor y desilusión, no logran reconocer al Señor, ni el designio de salvación que Él mismo había preanunciado. Jesús aprovecha este estado de postración y abandono (están regresando a casa) de los discípulos y poco a poco inicia a hacerlos salir a partir de la proclamación de las Escrituras, sobre todo lo que concernía a la persona del Mesías, es decir, les hace entender que también la muerte de Jesús entraba en el plan de Dios para el perdón de los pecados y que a través de su pasión todos se habrían salvado. Mientras habla el Señor sus corazones arden, sienten que algo se está movilizando dentro pero no logran entender qué cosa sea, es que ellos conocían bien las Escrituras, las leían cada sábado en la sinagoga y estaban al corriente de todas las profecías que hablaban del Mesías, pero no las habían leído nunca con la gracia del Espíritu, Jesús es el Señor Dios que cambia este modo de leer las Escrituras, por eso arde su corazón, porque quien les explica es el Señor de la vida, es quien puede dar la luz necesaria para entender el verdadero sentido de la historia del Mesías libertador.
El Señor, que se ha hecho compañero de camino, quiere respetar hasta el extremo la libertad de los suyos, por eso hace el gesto de querer proseguir, quiere que sean los mismos discípulos que lo inviten. Durante el ministerio público ha sido él que ha llamado a los discípulos, ahora quiere que sean ellos a elegirlo, que tomen su propia responsabilidad y acojan a Cristo en su casa.
Luego la escena cambia totalmente, el huésped es el que hace todo, todo se concentra en el Señor que está a la mesa y hace la bendición y el agradecimiento típico de toda comida judía. Pero al describir Lucas esto, casi repite la escena de la última cena, no sólo a los discípulos de Emaús, sino también a nosotros nos hace dar cuenta que este compañero de camino es justamente el Cristo Resucitado! Al momento que ellos lo reconocen al partir el pan, el Señor desaparece de su vista, pero ya no tienen necesidad de nada más, su corazón arde, están alegres, ha regresado para ellos el sentido de todo, de su vida, de su seguimiento, de sus esperanzas, y todo esto ha sido transformado por la luz de la presencia del Resucitado en medio de ellos.
A veces puedo ser como uno de estos discípulos. Tener expectativas que no coinciden con las verdaderas esperanzas, con la voluntad de Dios, y por eso toda circunstancia me hace estar triste, en la oscuridad, me desconcierta … es sólo abriéndome a la novedad del Evangelio, a leer los signos de los tiempos, como decía San Juan Pablo II, que puedo captar la luz de la fe y con esa abrirme a la novedad de Dios, a su voluntad que se manifiesta en los gestos cotidianos como el partir el pan, o el encuentro con un desconocido en nuestra vida. El Señor nos dé la gracia de mantenernos con los ojos del corazón abiertos y prontos para acoger el testimonio de la Iglesia, que en Pedro se hace eco de la Resurrección del Señor.

Oratio:

La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración…

Resta con nosotros, Señor,

porque solos no podemos ver la vida y su sentido como tú quieres que la veamos.

Resta con nosotros, Señor,

porque te necesitamos, necesitamos tus palabras, tus gestos.

Haz que no nos dejemos tomar por la oscuridad de la poca fe o la desesperanza

para que gustemos en nuestro corazón tu presencia que es viva y obra en nuestra vida, aun cuando no sabembos que caminas junto a nosotros.

Contemplatio

Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…

Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.

Segundo Domingo de Pascua – de la Divina Misericordia

abril 23rd, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

Antes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…
tomassoLectio:
Leo el Evangelio de este domingo, lo leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra…
hoy estoy llamada/o a leer Jn 20,19-31, un pasaje un poco largo que me permite de subdividirlo en dos partes principales y tiene también una conclusión, por lo tanto esto ante una perícopa bien “construida”. ¿Cómo me doy cuenta de estos detalles? Luego de haber leído la primera vez el texto, releyéndolo capto algunas diferencias, por ejemplo de tiempo: al inicio se habla del atardecer del mismo día (el de la resurrección) y luego se habla de ocho días después. Transcurre una semana entre una aparición del Señor y la otra, por lo tanto aún no ha vuelto al Padre, se ha quedado transformado, no lo reconocen al verlo. Entre los personajes aparecen el Señor y los discípulos, sin la presencia de Tomás la primera vez, en la segunda venida del Señor, Tomás está.
Pero también hay algunos elementos comunes a las dos partes: están reunidos en “la” casa, esto me indica que no era un lugar cualquiera sino aquel utilizado habitualmente por ellos, aquel que la tradición ha reconocido siempre como el cenáculo en Jerusalén. En mi lectura espiritual continúo a ver las frases o palabras que se repiten: puertas cerradas, paz a ustedes, en medio de ellos, las manos y el costado, los signos… estos particulares me están invitando a prestar una atención especial: ¿Por qué se repiten?
Otra luz es el argumento que se trata en cada parte: en la primera hay un mandato específico después del don del Espíritu; en la segunda en cambio, está la invitación a constatar y creer, con el consiguiente reclamo por la poca fe y la bienaventuranza de quien cree sin ver.
También hay algunos diálogos: el Señor habla con los discípulos, éstos con Tomás y de nuevo el Señor que habla con Tomás. La fuerza de las palabras del Resucitado se capta por el silencio y el comportamiento de los discípulos: a su invitación de ver los signos de la resurrección ellos se alegran, ante el don del Espíritu y del mandato de perdonar hacen silencio: ¿Por qué el evangelista deja abierto este silencio? Quiere indicar la seriedad del mandato y la pequeñez de los discípulos, quiere también indicar que este mandato requiere su libre respuesta. Hay que preguntarse también si el mandato que el Señor da, a semejanza del Padre, es sólo el de perdonar los pecados o es un mandato más amplio, de ir a anunciar, porque ellos inmediatamente hacen el anuncio del encuentro con el Señor a Tomás, y Jesús ha hecho esto durante su vida terrena, junto al perdón de los pecados.
El estado de ánimo viene descrito con claridad: los discípulos tienen temor al inicio y luego se alegran cuando ven los signos de la pasión del Señor.
La conclusión, luego, nos ofrece otras pistas: se habla de nuevo de signos, de fe, pero también se dan títulos al Señor Jesús y la finalidad por la que todo esto ha sido comunicado.
Meditatio:
Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.
La lectio divina de este domingo es muy amplia, realmente he encontrado muchas pistas que me pueden ayudar, pero yo me detendré sólo en aquellos que mi espíritu siente la moción que me dice de quedarme allí, lo demás lo dejo por hoy.
El amor misericordioso del Señor resucitado se manifiesta de manera abundante en este texto: él entra con las puertas cerradas, es decir donde hay miedo y cerrazón, al atardecer porta la luz, la paz y por lo tanto quita todo miedo. Él es el centro de todo y está en medio de ellos, todos los ojos lo fijan, lo que experimentan los discípulos es maravilla y alegría, esos signos ignominiosos de la pasión ahora se convierten en signos de salvación, porque indican la victoria sobre la muerte y el pecado. Los signos son los medios a través de los que reconocen al Señor que ahora tiene un aspecto transformado. El Señor tiene tanta misericordia que da el tiempo a los discípulos para que lo reconozcan y luego les da el mandato que él mismo ha recibido del Padre suyo: anunciar y perdonar los pecados. El perdón de los pecados ahora pueden darlo porque él se ha ofrecido en la última cena por el perdón de los pecados, ahora tenemos un abogado grande y misericordioso ante el Padre que ahora intercede por nuestra salvación.
El mandato recibido por los discípulos lo ponen inmediatamente en práctica: anuncian a Tomás la venida del Señor, pero él no acepta la mediación. Tomás pretende constatar personalmente que el Señor está vivo, no le basta el testimonio de los hermanos. Obviamente este personaje representa aquellos que no han visto personalmente al Señor resucitado y por lo tanto están llamados a creer a través del testimonio y el anuncio de los otros, y creyendo también ellos se convierten en testigos y anunciadores para quien vendrá, la cadena no se romperá mientras encuentre una fe que acoge el anuncio. Mas aquí Tomás no se abre a esta fe. El Señor tendrá que tener paciencia con él y de nuevo emerge el amor misericordioso del Resucitado que reaparece, ocho días después, habiendo dado a Tomás tiempo para adherir al anuncio. Así como en el evangelio de Lucas Jesús muestra de tener un cuerpo y pide de comer, aquí invita a Tomás a penetrar los signos de la pasión y el evangelista describe esta actitud con mucha minuciosidad, él quiere que también nosotros sintamos la fuerza y “experimentemos” casi palpando, los signos de la gracia… No nos dice que Tomás lo haya hecho, pero nos relata su profesión de fe: Señor mío y Dios mío, es decir, reconoce al Cristo Resucitado y que es su mismo Dios, pero no sólo, hay una relación de pertenencia mutua que se revela no sólo por esta experiencia, sino también de cuando el Señor era su Maestro y él había empujado a los otros discípulos para ir a Jerusalén a morir con él, o cuando le preguntó el camino para seguirlo. Es verdad que Tomás es un creyente pequeño, como le dice Jesús, pero en el evangelio de Juan se deja entrever bien que él tenía una relación especial con el Señor, su nombre o sobrenombre es “dídimo” que quiere decir “gemelo”, más de un autor se ha preguntado si lo llamaban gemelo del Señor, no sólo por su semejanza física, sino por la relación que tenía con él.
Para concluir, todo este relato lleva justo a abrirse a la fe en Jesucristo como Hijo de Dios, porque esto lleva a la vida verdadera. Todo lo que ha sido escrito en el IV Evangelio, este episodio, todo tiene un único fin: acoger al Hijo de Dios porque la vida se ha hecho visible y las tinieblas no la han acogido, pero a quienes creen en Dios, les ha dado gracia sobre gracia, es decir la vida eterna que su Hijo ha conquistado con el precio de su Sangre.
Oratio:
La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración…
Repito en silencio varias veces
: “Señor mío y Dios mío”
O bien:

      Señor mío, que tu paz descienda en mí y me cubra,
      que tu amor misericordioso toque mi duro corazón
      y lo haga dócil a la fe en ti, a acoger el anuncio de la Iglesia.
    Dame la gracia de convertirme yo también en testigo de tu resurrección.

O bien: Se puede recitar el Credo Apostolico

Contemplatio:
Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…
Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.

Domingo de Resurrección – A –

abril 16th, 2017 Posted in Lectio Divina del Domingo

Antes de iniciar me pongo a la presencia del Señor, pidiendo el don de su Espíritu Santo, para que pueda rezar la Palabra guiado/a por Él, dócil, como María, atenta y disponible a dejarme transformar como el Señor quiera…
descargaLectio:
Leo el Evangelio de este domingo, lo leo nuevamente y escruto cada palabra, verbo, me detengo ante los personajes que aparecen. En esta lectura espiritual de la Palabra, en la que uso mi intelecto, no me apuro, dejo que mi ser interiorice la Palabra
El Evangelio que la Liturgia nos ofrece hoy es Jn 20,1-9, llamado también “del sepulcro vacío”. Tomo esta Palabra bellísima y la leo con atención, hago una segunda lectura. Eh aquí que hay tres personajes que resaltan: María Magdalena, Pedro y el discípulo amado.
De los tres se dice que corren y que vieron, pero… ¡con distinta intensidad! De hecho, la distancia que hay desde el jardín donde había sido sepultado el Señor hasta el cenáculo, donde con mucha probabilidad estaban los discípulos, es un poco extensa, entonces no es tan natural que ellos corran,… y lo hacen los tres. Me doy cuenta por ello, que es un mensaje del evangelista que quiere indicar el movimiento, el impulso para buscar al Señor, el apuro para encontrarlo. Pero sólo el discípulo amado corre más veloz… como si se dijera que es el amor que empuja al movimiento, y él tenía una relación realmente íntima con el Señor, era amado y amaba al Señor con todo su corazón.
Se repiten los verbos del ver, he dicho antes que los tres discípulos ven, pero no de igual manera y el evangelista subraya esto usando verbos distintos que nosotros no podemos captar bien por la traducción. Para María se usa el verbo blepo, que indica un ver físico, simplemente ver, sin concentrarse demasiado, sin interiorizar. Para Pedro se utiliza el verbo theorein que indica un observar, ver con atención y escrutar con la mente cada cosa. Para el discípulo amado se usa el verbo blepo cuando llega al sepulcro y queda fuera, pero luego, cuando entra se usa otro verbo: orao, que quiere decir mirar, contemplar, ver con el corazón, la mente y todo el ser.
Por último, están los “signos” que hablan por sí solos. El sepulcro está vacío, no está el cuerpo del Señor que había sido depuesto allí. La piedra ha sido sacada… las vendas están posadas allí y el sudario está enrollado y se encuentra en otro lugar. El sepulcro me indica que no hay ningún muerto… la piedra, que algo misterioso y grande ha sucedido, porque era muy pesada para correrse sola o por una sola persona. Las vendas y el sudario, me indican luego que el cuerpo no ha sido robado, pues se encuentran ordenados, ¡ningún ladrón deja las cosas ordenadas y mucho mensos las vendas que han envuelto un cadáver!
Meditatio:
Es el momento de comprender el texto, en la meditación aferro el mensaje, me detengo para repetir, luego, lo que más me ha tocado… Después lo actualizo con mi vida, me dejo confrontar por la Palabra.
Este domingo, como he podido comprender en la lectio, la Palabra es riquísima y llena de mensajes, no hay sólo un sentido o un mensaje. Tratemos de captar algunos más importantes:

Este evangelio nos habla de “discípulos”, son aquellos que han seguido al Señor de cerca durante todo su ministerio público. Ellos se movilizaron ante la posible pérdida del cuerpo de su Maestro, perder a Jesús completamente es demasiado para ellos, necesitan aferrarse a algo, almeno a un cuerpo muerto, pero Dios quiere que den un paso más, Juan nos lo muestra con la veloz corrida del discípulo amado. Cuando amo, me movilizo más, no tengo tiempo que perder, busco, quiero ver… mirar… contemplar.
En los verbos del ver hay un progreso muy marcado, la fe requiere este camino, ellos no ven de la misma manera porque su persona es distinta, tiene una historia distinta con el Señor y su personalidad se muestra con una fe que también tiene distintos grados: María ama, cree, pero está demasiado paralizada a la relación humana, de hecho más adelante el Señor le dirá de no retenerlo. Pedro cree, pero en el momento de la prueba ha sido débil, ahora quiere darse cuenta bien qué cosa está sucediendo, no quiere ser más impulsivo como siempre, quiere observar, comprender. El discípulo amado, mira, y al mirar lo hace con el corazón por eso se abre a la fe. Pero, ¿qué es lo que cree? El texto queda en silencio, el discípulo ideal, aquel que es modelo para nosotros, cree que el cuerpo no ha sido robado, ve los signos y estos le hablan, no es todavía una fe plena, de hecho se dirá en el v. 10 que los discípulos se volvieron a casa, es decir como si no hubieran entendido nada. El discípulo cree que ha sucedido algo de extraordinario, pero no logra captar el sentido profundo, no se ha encontrado todavía con el Señor resucitado, no ha recibido el Espíritu y por lo tanto su fe todavía debe crecer.
¿Cuál de los discípulos soy yo? ¿Cómo me movilizo para buscar al Señor? ¿Cómo miro los signos que se me presentan en la vida: personas, circunstancias, etc.? ¿Qué me está diciendo esta Palabra a mí, ahora?
Oratio:
La meditación de esta Palabra che el Señor me ha donado se hace oración

      ¡Te alabo, Señor de la vida!
      Porque realmente te revelas a los pequeños y a los simples
      y quieres que yo me abra a tu manifestación.
      Dame ojos atentos, abiertos, dóciles
      para ver y mirar lo que tú me quieres mostrar,
      para captar tu mensaje que me transforma y renueva
    a partir de tu Resurrección. Amén

Contemplatio:
Entro en el corazón de Dios, mi centro sólo debe ser Él, su Hijo, el Espíritu Santo, solamente Dios… aquella Palabra que me había tocado la hago mía, me tendría que ayudar, como también el silencio, para abrir mi corazón a Dios. La contemplación no es un caer en éxtasis o ver a Dios con los ojos del cuerpo, es sentir profundamente su presencia che invade mi ser, es silencio, es paz…
Al final de la oración, agradezco siempre al Señor por los dones que me ha concedido y me ofrezco a Él para que se cumpla en mí su Voluntad.